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Libro: La madre de Frankenstein Autor: Almudena Grandes Editorial: Tusquets Editores S.A. Género: Novela literaria Páginas: 560 Valoración:
(4.8/5) - 852 Comentarios

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Sinopsis

La madre de Frankenstein: un retrato al amor prohibido en tiempos de guerra

La madre de Frankenstein es un libro escrito por Almudena Grandes, publicado por la Editorial Tusquets Editores S.A. Con casi seiscientas páginas Almudena Grandes crea un magnífico relato que explora varios temas, como toda buena novela, en este caso Novela Literaria o General narrativa literaria, no solo se centra en el amor de dos personas que desafían las opresiones de una época y de una guerra que parece no termina. Se trata también de la historia de quienes deben partir, es un retrato al exilio, al despojo que lo que somos para construir una nueva identidad que se tambalea al momento de volver, cuando nos enfrentamos cara a cara con nuestro pasado, uno que ha cambiado, que no queda intacto de la vez que partimos. 

Comienza con el t√≠tulo ‚ÄúPor las ma√Īanas, alguien tocaba el piano‚ÄĚ, para luego abrir el primer cap√≠tulo con El asombro (1954), luego La compa√Ī√≠a (1955), a la que le sigue, La soledad (1956) y cierra la novela con el t√≠tulo de la novela, La madre de Frankenstein. Sin embargo, al final del libro queda a√ļn por leer La historia de Germ√°n. Nota de la autora y Los personajes.¬†

El primer p√°rrafo comienza con un ataque de p√°nico de un psiquiatra, eso lo sabremos m√°s adelante, sin embargo la descripci√≥n es tan asfixiante que el lector podr√° ser de primera mano Germ√°n Vel√°zquez Mart√≠n: ‚ÄúNunca antes hab√≠a tenido un episodio de ansiedad. Miedo s√≠, mucho miedo y muchas veces, durante los bombardeos, en el coche que me llev√≥ a Alicante, en el muelle del que nunca acababa de zarpar mi barco, en la celda de una comisar√≠a de Or√°n, en el puerto de Marsella y despu√©s, en un interminable viaje en coche entre Francia y Suiza. Hab√≠a tenido miedos grandes y peque√Īos, de m√≠ mismo y de otras personas, miedo a morir, a que me mataran, a perder el control, mucho miedo, pero nunca ansiedad. Hasta el 21 de diciembre de 1953. Hasta que aquel taxista al que le dej√© una propina desorbitada para poder salir a toda prisa de su coche, se par√≥ delante de la casa donde hab√≠a vivido yo, donde segu√≠a viviendo mi madre, donde ya no viv√≠a mi padre. Tard√© un buen rato en subir. Antes me par√© a un lado del portal, dando la espalda a la calle, y abr√≠ la bolsa de viaje para meter la cabeza dentro hasta que logr√© respirar normalmente. Mi coraz√≥n se fue tranquilizando poco a poco, pero la sensaci√≥n de opresi√≥n baj√≥ desde el pecho hasta el est√≥mago y no se movi√≥ de ah√≠. Ten√≠a ganas de fumar, pero el temblor de mis manos me advirti√≥ que no me conven√≠a. Comprend√≠ que s√≥lo ten√≠a dos opciones, entrar de una vez en aquel portal o volverme a Suiza‚ÄĚ.

Al mismo tiempo, la autora, explora temas como la psicología, la psiquiatría, y los tratamientos que para la época cambiaron la manera de ver estas dos especialidades. La madre de Frankenstein también es un viaje de cerca al mundo de un manicomio, a conocer a fondo cómo piensan y sienten los pacientes que sufren de esquizofrenia, por ejemplo. 

Almudena Grandes describe de manera magn√≠fica y con pinceladas tristes a uno de los pacientes que ser√°n recordados por el lector, este personaje ‚Äú‚Ķpasaba la mayor parte del d√≠a sumido en una apat√≠a casi absoluta, s√≥lo interrumpida por la energ√≠a con la que negaba de vez en cuando con la cabeza, pero por las tardes sufr√≠a enormemente. A la hora de la merienda, se sentaba en el alf√©izar de una ventana de la galer√≠a. Siempre la misma ventana, a la misma hora, en la misma postura. Entonces s√≠ hablaba, al principio en un murmullo, aunque el volumen de su voz se iba incrementando en proporci√≥n al tormento que le causaban las voces que escuchaba. Walter Friedli era esquizofr√©nico y ten√≠a alucinaciones ac√ļsticas. Todas las tardes se peleaba con su madre, que hab√≠a fallecido de un ataque card√≠aco antes de que √©l cumpliera tres a√Īos, pero le culpaba de haberla asesinado‚ÄĚ.¬†

‚ÄúDurante un par de horas argumentaba, gritaba, desafiaba a sus enemigos, luchaba con ellos y, al fin, se rend√≠a. Luego se echaba a llorar, cubri√©ndose la cabeza con los brazos para protegerse de los ataques del aire, que le dol√≠an m√°s que los golpes aut√©nticos. En la hora m√°s triste de cada d√≠a, el se√Īor Friedli se deshac√≠a en sollozos como un animalillo inerme acosado por una manada de fieras. As√≠ era exactamente como se sent√≠a. Si el cielo estaba nublado, era dif√≠cil distinguir el color de las nubes del color de su rostro. Si llov√≠a, el llanto manso, impotente, de su rendici√≥n parec√≠a una prolongaci√≥n natural del agua que empapaba los cristales. El crep√ļsculo y √©l se convert√≠an entonces en una sola cosa, siempre la lluvia, la oscuridad, un cielo de nubes negras con forma humana. Ni siquiera los intensos contrastes de las puestas de sol del verano imped√≠an que √©l siguiera lloviendo por dentro, porque el infierno donde viv√≠a era insensible al clima, a las estaciones, a la luz. S√≥lo respetaba, con una puntualidad escrupulosa, la hora de su cita con los monstruos‚ÄĚ.¬†

La madre de Frankenstein tambi√©n es un retrato a Madrid en la √©poca de la dictadura de Franco, se apoya en el protagonista para resaltar aquello que en ese momento se sent√≠a pero no pod√≠a ser dicho: ‚ÄúDesde que pis√© el and√©n de la estaci√≥n del Norte, me hab√≠a enfrentado a Madrid como a un animal raro, un monstruo sujeto a una met√≥dica, fant√°stica metamorfosis. Bajo la piel nueva, en algunos lugares a√ļn transparente, de aquella que siempre hab√≠a considerado mi ciudad, descubr√≠ vestigios de un mundo conocido, aromas, detalles, sonidos familiares que se mezclaban en un paisaje ajeno, indiferente a mi regreso, con otros que nunca habr√≠a acertado a imaginar. No s√≥lo hab√≠an cambiado las banderas. Tambi√©n el color de los tranv√≠as, los escudos pintados en las puertas de los taxis, los uniformes de los municipales, las chaquetas de los barrenderos, los nombres de los cines, de las tiendas, de las calles, el modelo de las placas donde estaban escritos‚ÄĚ.

Conoce m√°s a la autora: Almudena Grandes

Almudena Grandes nace en Madrid, Espa√Īa, el 7 de mayo del a√Īo 1960. Es una escritora de gran prestigio en el mundo, sin embargo se dio a conocer en el a√Īo 1989 con el libro Las edades de Lul√ļ, obteniendo el XI Premio La Sonrisa Vertical. Tambi√©n ha publicado libros como Te llamar√© Viernes,¬†Malena es un nombre de tango,¬†Atlas de geograf√≠a humana,¬†Los aires dif√≠ciles,¬†Castillos de cart√≥n,¬†El coraz√≥n helado¬†y¬†Los besos en el pan,¬†junto con los vol√ļmenes de cuentos¬†Modelos de mujer¬†y¬†Estaciones de paso. Todas estas novelas y cuentos la han llevado a ser una referencia nacional y mundial de la literatura contempor√°nea. Adem√°s, varias de ellas han sido llevadas a la pantalla grande, y han sido galardonadas con premios como el Premio de la Fundaci√≥n Lara, el Premio de los Libreros de Madrid y el de los de Sevilla, el Rapallo Carige y el Prix M√©diterran√©e.¬†

En el a√Īo 2010 public√≥ In√©s y la alegr√≠a¬†(Premio de la Cr√≠tica de Madrid, el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el Premio Sor Juana In√©s de la Cruz), primer t√≠tulo de la serie Episodios de una Guerra Interminable, a la que siguieron¬†El lector de Julio Verne¬†(2012),¬†Las tres bodas de Manolita¬†(2014) y¬†Los pacientes del doctor Garc√≠a¬†(2017; Premio Nacional de Narrativa).

 

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